La franquicia es una cantidad fija (por ejemplo, 50€ o 100€) que pagas tú cada vez que usas el seguro, antes de que la aseguradora se haga cargo del resto del gasto cubierto.

A diferencia del copago (que es un porcentaje), la franquicia es una cifra fija, lo que la hace más predecible: sabes exactamente cuánto vas a pagar de tu bolsillo en cada uso, independientemente de si el tratamiento cuesta 200€ o 2.000€.

Elegir una franquicia más alta (por ejemplo, 150€ en lugar de 50€) suele reducir la cuota mensual entre un 10% y un 20%, dependiendo de la aseguradora.

Esta opción suele convenir a quien puede asumir sin problema ese pago puntual y prefiere pagar menos cada mes, mientras que quien prefiere previsibilidad total puede preferir una franquicia baja o inexistente, aunque la cuota sea algo mayor.

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